Pedrete (Pedro Torres Pacheco)

Hace una semana le dábamos el último adiós a Pedro Torres Pacheco. Fue el día del Carmen del 2007. Cincuenta años atrás, Pedro Torres y Julián García habían puesto en marcha la Hostería “La Trucha” en Tragacete, tras el éxito de su primer restaurante en aquella Cuenca de blanco y negro, que terminaba en la calle de la República Argentina, donde Pedro y Julián, Torres y García, habían inaugurado el TOGAR, que era el nombre de las respectivas iniciales de sus apellidos.

Al lado, la gasolinera de Alegría y la calle larga sin final de camino, porque entonces no existía el puente sobre el Júcar, y los viajeros se iban a Madrid por el puente de San Antón, camino de La Fuensanta, campo de fútbol de los primeros éxitos del club de sus amores, la Unión Balompédica Conquense.

BALONES Y FOGONES

A Pedro le gustaban los fogones y los balones. Tal era su afición al fútbol que cuando se retiró (porque nunca colgó las botas, como él decía), le hicieron un partido de homenaje en el año 1954. Era el homenaje a Pedrete, entre los equipos Castilla F.J. y CD Obras Públicas. Allí estaban todos, desde Picazo que ya triunfaba en el Levante, hasta Evaristo, (el portero del Obras y sabio del fútbol conquense, que estos días de atrás disfrutaba con el ascenso de la Balompédica), pasando por Domínguez, Carlos, Zamora, Ángel, Jaime, Real, Sele, Díaz, Mario, Caquito, Luis, Naranjo, Pedrito, Neri, José Luis, Paquito, Poveda, Romero, Mariano, Sauquillo, Julián, Guaita, Melero, Panadero, Víctor y Tancho. El saque de honor lo hizo la simpática jugadora de balonmano femenino, señorita Mery, figura internacional frente a Alemania en aquellas tardes del glorioso balonmano femenino conquense en La Fuensanta.

 

Pedro Torres le contaba un día a Eduardo Soto, en estas páginas de EL DÍA, sus vivencias, que no eran pocas, pues con siete años y nueve hermanos se trasladó desde Villarejo de Fuentes hasta Cuenca en tempos de penurias. Trabajador nato y neto desde los doce años haciendo una y mil labores. Con su “hermano” Julián siguió por el buen camino de la hostelería, primero de camarero en el hotel Iberia y después montando restaurantes: el Togar (cerrado desde hace pocos meses), La Trucha, y luego su obra de arte El Figón de Pedro, con el Hotel Xúcar, las Casas Colgadas tras abrirse el Museo de Arte Abstracto y finalmente, junto a su hija Mercedes, se empeñó en hacer de la Casa de José Luis Perales el Figón del Huécar.

 

Y entre platos y fogones, el Premio Literario “Tormo de Oro” que en su primera edición presentó bajo el mismo Tormo de la Ciudad Encantada. “Hay que tirar siempre para adelante, Chicuelito”, me decía. Siempre tuvo un horizonte de esperanza, con su familia y fieles empleados, Paco y, sobre todo, Antonio Arias, al que quería como ahijado.

Pedro Torres, Pedrete para los amigos, puso con letras mayúsculas a la Hostelería conquense con su morteruelo y ajoarriero, el cordero y el cochinillo, el salmorejo y el gazpacho pastor.

 

La Cocina de Cuenca la elevó a los altares de los mejores fogones y figones y su siembra ha tenido mucho eco. Pedro Torres ha sido el ejemplo de quien es capaz de salir hacia delante sorteando todo tipo de dificultades. Quiso a Cuenca y a su profesión y la ha dejado en el mejor camino. Le decía Pedro Torres a Eduardo Soto que el futuro de la hostelería en Cuenca era incalculable. Él sí ha dejado una incalculable fama de la mejor cocina conquense, con sus menús largos y estrechos, capaces de tener a los comensales departiendo y disfrutando horas del mejor sabor conquense.  La calle Pedro Torres Pacheco quizá algún día haga otro justo homenaje a quien dio mucho por su tierra. Pero, ¡qué grande fue este Pedrete!

 

EL DIA, 23 de julio de 2007

 

 

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