En San Julián «El Tranquilo», panecillos, procesión y tres misas

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La ermita de San Julián “El Tranquilo” volvió a ser punto de encuentro el 28 de enero, en el día de la festividad del Patrón de Cuenca y segundo obispo de la diócesis, que viene a conmemorar su muerte, cuando el prelado burgalés, tras más de diez años en tierras conquenses, falleció cumplidos los 80. Es muy complicado calcular el número de devotos o romeros que acudieron hasta la ermita, unos accediendo por la senda que va desde el Paseo del Júcar, monte arriba penitente como recitara Federico Muelas en su poema pasional, o por el escalerón, entre la Playa y las Grajas.

Decenas de coches aparcados, centenares de personas en un goteo incesante durante toda la mañana, pese al frío reinante, pues ya es sabido que “San Julián de enero hiela el agua en el puchero”.

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Lo que no se hiela es el ánimo de los fieles devotos y visitantes en general que coronaron la cresta del Cerro de la Majestad en la pared rocosa que da a la Hoz del Júcar, en el paisaje de la maravilla, en el que está enclavada la ermita. Lugar santo, paradisíaco, bello sitio natural de olor a pino y romero, donde la campana tañe con aires de fiesta.

 

 

Durante la mañana fue necesario celebrar tres misas, por parte del sacerdote Ramón Page, párroco de San Julián en Fuente del Oro, que se suele encargar de la misa dominical en la ermita, para que todos los asistentes pudiesen honrar al Santo.

Los devotos llevaron en andas la imagen de San Julián por un pequeño recorrido de la ermita, entonando el himno de “Loor a San Julián”, y la hermandad de devotos del Patrón de Cuenca, en su lugar del Tranquilo, repartió miles de panecillos anisados y bendecidos.

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El día del Patrón de Cuenca concluyó con una procesión en la citaba barriada de Fuente del Oro, en las primeras horas de la tarde, con la presencia de parte de la Banda de Música de Cuenca, pues la otra había estado actuando por la mañana en la Plaza Mayor, acompañando a la Corporación  Municipal, en ambos casos dirigidas por el maestro Juan Carlos Aguilar.

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